“Carol”, cláusula de moralidad

Crítica publicada en Revista Insertos.

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Hay dos maneras con las que la forma de Carol mira a sus protagonistas. Una es nítida, un torrente de honestidad y transparencia encarnado en la figura de Cate Blanchett, que con su belleza nórdica recuerda la mejor imagen de Marlene Dietrich o Lauren Bacall: voz seductora y cuerpo esbelto, cigarro en mano y una ingeniosa frase siempre preparada en la comisura de los labios. Junto a ella está una aspirante a fotógrafa que no sabe lo que quiere, que se ahoga en la vicisitudes de la vida y sus intensos y contradictorios sentimientos. La encarna Rooney Mara, como si se hubiese apoderado de ella una imagen joven de Audrey Hepburn, con toda su delicadeza e ingenuidad. Entre estrellas del Hollywood clásico va la cosa.

Dos prismas, pues, desde los que mirarlas. Mara, difuminada o borrosa tras un cristal empapado por la lluvia, y Blanchett, nítida a través del objetivo de una cámara. Dos personalidades que se funden en un melodrama como pocos quedan, que aboga por la belleza del producto sin abandonar la profundidad de sus personajes. Todd Haynesconsigue en Carol algo difícil: ensamblar una película romántica de una manera tan coherente y alejada de los tópicos que el único adjetivo que nadie puede discutirle es el de ‘bella’. Y es que este film es, sin duda, una de las joyas que nos dejará la cosecha cinematográfica de este año. Haynes ha puesto el listón bien alto.

Carol habla de una relación lésbica entre Therese (Mara) y Carol (Blanchett), algo que lejos de ser un arma reivindicativa es solo la circunstancia que la época en que viven les hace soportar. Carece del carácter de La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013) pero lo intercambia por un juego delicado de miradas, de sutiles encuentros y momentos íntimos. Recuerda a su Lejos del cielo (2002), donde también combinó con inteligencia las apariencias de una época con la libertad sexual y el rechazo a la desigualdad en cualquier faceta de la vida. Haynes viste sus historias del color, la luz y el drama necesarios para convertirlas en auténticas pasiones sobre la pantalla y alejarlas del vacío estereotipo de la woman’s picture.

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