“El puente de los espías”, héroes anónimos

Crítica publicada en Revista Insertos.

elpuentedelosespías

Que Steven Spielberg siente debilidad por los héroes ocultos, que surgen de la vida corriente y cuyas hazañas están marcadas por la valentía, es algo evidente. Y por la historia de la humanidad, su ámbito preferido. Pero la fama de este director va acompañada del indudable prestigio de ser artífice de films como Tiburón, Jurassic Park, Salvar al soldado Ryan, E.T. el extraterrestre y otros tantos mitos del cine mundial que ahora forman parte de nuestro imaginario cultural. Su último film no podía más que mostrar las características imprescindibles que le hacen reconocible, alcanzado un nivel más de complejidad en su búsqueda de la bondad y la maldad aplicadas a la Historia, que da un paso más hacia la perfección narrativa y la intensidad dramática que siempre ha demostrado el director estadounidense.

El puente de los espías se sitúa en la Guerra Fría, donde las batallas no se libraban con armas, sino con información. Un abogado se verá forzado a defender a un espía ruso capturado en tierras estadounidenses para dar fe al mundo exterior que su justicia es igual para todos y que son moralmente superiores a sus competidores soviéticos. Por supuesto, una falsa impostura que el film deja bien clara, aunque limite las escenas de tortura al bando de la URSS y los juicios y contradicciones, al de EEUU. El abogado, encarnado por un intenso Tom Hanks, es un hombre íntegro, de elevados valores morales y una inusitada valentía que le llevará a navegar contra viento y marea entre las inestables relaciones internacionales y a poner en peligro su vida para hacer lo correcto. Una historia basada en hechos reales, como si fuese una especie de Oskar Schindler, pero indudablemente menos dramático que en el film de Spielberg de 1993,La lista de Schindler.

La palabra brilla durante el transcurso del film, puesto que la realización es más bien clásica y neutra, a pesar de diversos momentos de lucidez como la escena inicial y su juego de reflejos y representaciones sobre un lienzo. La palabra, esa que han preparado cuidadosamente los fantásticos hermanos Coen, y que se ve claramente en la agresividad irónica y deslenguada de algunas respuestas del protagonista y, sobre todo, de su capacidad para sorprender. Y es que El puente de los espías va mutando lentamente a lo largo del metraje, de modo que empieza siendo una clásica película de juicios y dilemas morales para convertirse en un film de aventuras a través de la Alemania de la RDA y el telón de acero. Momentos como la construcción del muro de Berlín se funden con el relato heroico del protagonista para constituir un todo, una visión amplia y variada de lo que dejaron los primeros años de la Guerra Fría: paradojas, muerte y mucha ignorancia.

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