“Ocho apellidos catalanes”, Don Dinero

Crítica publicada en Insertos Cine.

Ocho_apellidos_catalanes-portada

La exitosa fórmula que presentó Ocho apellidos vascos en la primavera del año pasado era sencilla, pero efectiva. Una comedia romántica que integra en su columna vertebral una amalgama de tópicos regionales, aprovechando ese fantástico carácter plurinacional que tiene España, a la que se suma uno de los cómicos más queridos y demandados del momento y una pareja de veteranos actores con una vis cómica envidiable. Con más flores del público que de la crítica, el film de Emilio Martínez Lázaro se convirtió en el más visto de la historia del cine español, provocando lo que era de esperar: una avaricia comercial.

Al enfrentarnos a Ocho apellidos catalanes, previsible secuela, encontramos el mismo esquema, pero trufado de elementos nuevos que convergen con los antiguos, que se repiten como el ajo. La dinámica, al igual que la estructura que comentábamos al principio, sigue siendo la misma: un aplatanado Dani Rovira intentando conquistar a una impasible Clara Lago, para que las tornas se giren y el amor vuelva a resurgir. Lo que pasa es que en esta segunda parte se entremezclan más personajes, más subtramas, pero desde luego no más interés. La historia ya nos la han contado, y ahora nos encontramos con un adornado sucedáneo: la incorporación de todos los tópicos regionales de los que dispone España. Pues no sólo se centra en los tics catalanes, fruto del argumento principal, sino que también tiene para repartir hasta a los gallegos.

En Ocho apellidos catalanes vemos la incursión de dos personajes clave, los interpretados por Rosa Maria Sardá, la mejor sin duda pero finalmente desaprovechada del todo en su papel de madre engañada al estilo de Katrin Sass en Good Bye Lenin! (Wolfgang Becker, 2003), y Berto Romero, en el papel de cualquier hipster repelente de la gran ciudad. Estos personajes son dignos representantes de una estirpe catalana bastante peculiar (la del film, no la de la vida real). A fin de cuentas, ¿de quién hablamos? Del prometido minimizado por el exnovio de la novia y la suegra malhumorada con pocas ganas de amenizar la estancia de su nuera. Los arquetipos de la comedia romántica clásica, solo que aderezada con unas cuantas especias a la española.

El resultado de este desafortunado cóctel es una película con poca personalidad y una pérdida espectacular de espontaneidad respecto a su predecesora, que con sus más y sus menos, se congratulaba de ser una comedia fresca y distendida. Lo más triste de todo es lo evidente que resulta la intención de continuar un éxito empezado por Ocho apellidos vascos, tanto en cines como recientemente en televisión, donde se ha coronado también como la película más vista de la historia (la cosa de esta saga va de romper récords). Esto acaba convirtiendo al producto en una mala parodia de sí mismo y, sobre todo, una muestra destartalada, aunque bien interpretada, de lo que el dinero le hace al cine.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s