“Dheepan”, luces de colores

Crítica publicada en Insertos Cine.

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Dheepan está muerto. Tranquilos: esto no es un spoiler, sino la llama que enciende la mecha de lo último del director francés Jacques Audiard. Para salir de un infierno de hambruna y violencia en Sri Lanka, un hombre adopta el nombre de un militar muerto, recluta una mujer y una hija ficticias, y viaja hasta Francia con un cuento inventado para buscar ese futuro mejor que todos anhelan mientras sufren por su vida subidos a una barcaza. Dheepan nos enseña las vidas de esas personas que, llegados al paraíso occidental, se pasan las noches en vela vendiendo idioteces a extranjeros de billetera suelta. Los que pasean por las calles orejas de Minnie Mouse parpadeantes, que ellos mismos llevan puestas sobre sus cabezas, y regatean el precio inflado del producto para acabar llevándose un pedacito ínfimo de la venta. Esto que nos es tan cercano y a la vez tan ajeno, es lo que Audiard consigue llevar a la pantalla como un terrible espejo social lleno de racismo y miseria.

Dheepan, ganadora de la Palma de Oro en la pasada edición del Festival de Cannes, es un relato con muchos altibajos. Está claro que en Un profeta, película por la que ganó, entre otros muchos reconocimientos, el Gran Premio del Jurado en Cannes en 2009, la intensidad y la complejidad brillaban de forma incontestable. Deephan, en cambio, tiene unos tiempos marcados al milímetro que no la dejan ser un brote espontáneo de genialidad. Audiard juega a la máxima de dar “una de cal y otra de arena”, el sentimiento agridulce fragmentado en etapas transparentes y diferenciadas. Es decir, busca las situaciones de tensión para después relajar el ambiente, hasta que de nuevo la tormenta vuelve a asomar y esperas impaciente la llegada de la calma. El cineasta peca de predecible en su ritmo, pero consigue solucionar sus carencias con la naturalidad con la que salta de género en género, del drama al thriller, de la pena a la violencia. Tras el duro viaje hasta tierras francesas, la familia protagonista es instalada en una urbanización que se asemeja más a un gueto que a un verdadero hogar. Allí los más bajos delincuentes, nacidos en Francia en su mayoría, harán peligrar esa tranquilidad que tanto había costado construir. Además, el pasado nunca se olvida y el falso Dheepan revivirá escenas pasadas donde la guerra es el nexo que une a la humanidad. Este movimiento de intenciones y sorpresas argumentales salva el interés y consigue solventar una historia contada, eso sí, con una inusitada fuerza visual.

El estreno de Dheepan no podía llegar en mejor momento. En una situación de crisis mundial, donde los refugiados sirios escapan de sus hogares para buscar un futuro mejor, aparece la película que te enseñará que sus vidas no han sido un camino de rosas y su inserción en una nueva cultura no es ni mucho menos sencilla. Este film es, pese a todo, un brillante y necesario ejercicio de empatía.

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