63SSIFF | Las comedias destacan en el primer fin de semana

En el primer fin de semana del Festival de San Sebastián hemos visto géneros de todo tipo, desde la ciencia ficción hasta la técnica del stop-motion, pero son las comedias las que han convencido al público y las que se colocan en los primeros puestos de las más votadas por el público. Es el caso de la fresca comedia adolescente Me and Earl and the dying girl, la alocada aventura televisiva de Álex de la Iglesia en Mi gran noche o la nueva película de los hermanos Larrieu, que se embarcan en una historia llena de divertidos relatos sexuales en 21 noches con Pattie. Por último, hemos podido ver una con un tono muy distinto, a años luz de la comedia sino enmarcada en la ciencia ficción, de la mano de Evolution

Me and Earl and the dying girl, el culto a la cinefilia

Me_and_Earl_and_the_Dying_Girl_Foto_película_8278Tal como revela el título, esta es un comedia sobre tres personas: un friki-simpático cuyo objetivo es ser invisible y agradar a todo el mundo, su mejor amigo (Earl) obsesionado con las ‘tetitas’ y la chica moribunda (the dying girl), una joven con leucemia que entrará en este triángulo tan particular desde la más pura casualidad. Muy al estilo de Las ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012), música, estilo y sentido del humor, pero con la adrenalina y electricidad de un novato Wes Anderson, Yo, él y Raquel (Me and Earl and the dying girl) logra meterse tu negatividad en el bolsillo para ofrecerte una divertida y tierna historia de amistad y superación. Es fresca, es adorable y se entiende su inmenso éxito en el pasado Festival de Sundance, donde ganó el premio a Mejor Película y se llevó, como no podía ser de otra forma, el Premio del Público. 

El director Alfonso Gómez-Rejón se aleja del sentimentalismo fácil (aunque lo roza en algunos momentos de su parte final) y construye una comedia adolescente que pretende mirar de frente a la muerte y negarse a sucumbir en su tristeza. A la vez, Yo, él y Raquel es un profundo ejercicio de cinefilia: sus protagonistas se dedican a parodiar películas clásicas europeas, desde El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957), que para ellos es La séptima foca, hasta Cowboy de medianoche (John Schlesinger, 1969), en la versión de los amigos Cowboy a las 2:25. Una serie de hilarantes caricaturas absurdas basadas en los grandes hitos del cine que arrancaron carcajadas en su paso por San Sebastián. 

Mi gran noche, escándalo

Mi_gran_noche__Foto_película_9327Si bien al tratarse de un film de Álex de la Iglesia esperábamos más sangre, violencia y sexo, Mi gran noche se frena en los usuales excesos del director y contiene más mensaje político y social que planos de los pechos de Carolina Bang. Esta absurda comedia coral, que cuenta con la presencia de grandes personalidades del panorama actual de cine español (Carmen Machi, Mario Casas, Blanca Suárez, Pepón Nieto, Carlos Areces, etc.) y la colaboración especial del mítico cantante Raphael, se sitúa en un plató de televisión en el que se está grabando la gala de Nochevieja 2016. Todos los asistentes llevan una semana con la grabación, ya que las constantes interrupciones y los disturbios que manifestantes llevan a cabo en las inmediaciones del edificio a causa de unos recortes de plantilla del grupo mediático han convertido el rodaje en un esperpento de situaciones locas y personajes más dementes aún. 

Bajo esta divertida y epiléptica trama se esconde una crítica, que aunque facilona, cobra cada día más sentido. Álex de la Iglesia pone en su punto de mira grupos como Mediaset (en el film, Mediafrost) y representa la codicia y total falta de escrúpulos, unas actitudes que se han extendido a la población de a pie, que ha visto una oportunidad idónea para ser alguien sin hacer nada. Mi gran noche mantiene el ritmo y se convierte en la más suave, pero accesible, de las películas del director vasco.

21 nights with Pattie, sobre el deseo sexual

21_nuits_avec_Pattie_-_21_Nights_with_Pattie_Foto_película_9193Los hermanos Larrieu vuelven al Festival de San Sebastián con una divertida comedia que indaga sobre las diferentes facetas en que se representa el deseo sexual. Desde un personaje extrovertido y visceral como Pattie, con sus hilarantes relatos sexuales, hasta la figura de la protagonista (Isabelle Carré), quien tras la maternidad perdió todas las ganas de experiencias de ese tipo, 21 nights with Pattie es un viaje a través del pasado, de la familia, para encontrar cuál es el verdadero significado y motivo de las cosas que nos rodean. Los directores franceses elevan el tono de su discurso y componen una comedia que esconde más de lo que deja ver en un principio, superando así el calificativo de ‘ligera’ para entrar en una concepción más compleja de la historia que se nos presenta: la muerte de la madre de la protagonista provoca que esta pase unos días en la casa de campo en la que residía la difunta, de modo que conocerá a todo el entorno que la rodeaba, unos personajes de lo más peculiares. 

Es más, el film, presentado en Sección Oficial, sorprende con la poética de algunas de sus escenas y una narrativa que va creciendo cada vez más. Ese crescendo que posee el ritmo, con sus altibajos en la parte central, crean una expectativa que culmina de manera singular. No es lo mejor de los Larrieu, sin duda, pero merece más crédito que el de aquellos que piensan que los films sencillos y simpáticos no merecen la consideración de ser analizados. Con todo, 21 nights with Pattie divierte y plantea cuestiones que van desde la necrofilia hasta la falta de autoestima, con un ingrediente especial: la comprensión. 

Evolution, las sombras de la ciencia ficción

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Con un toque de ciencia ficción que encajaría más en un entorno de género como el Festival de Sitges, Evolution cuenta la historia de una isla en la que extrañas mujeres cuidan de niños con objetivos científicos cuestionables. El film de Lucile Hadzihalilovic ha provocado por igual amor y odio, consiguiendo con su atmósfera oscura y misteriosa hipnotizar a la mitad de la sala, y anestesiar a la otra mitad. 

Evolution es un ejercicio de lirismo vacuo que logra enganchar por momentos en su perturbadora forma y contenido, pero que va cargando poco a poco en su contemplativa narrativa y su falta total de ritmo. Su misticismo y lentitud, muy semejantes a la reciente Under the skin (Jonathan Glazer, 2013), han provocado opiniones polarizadas. Habrá que ver que dice un público más especializado como el de Sitges para corroborar que el film de Hadzihalilovic es un proyecto ambicioso pero fallido. 

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