“La cabeza alta”, con aires de telefilme

Catherine Deneuve en "La cabeza alta" | Videodromo
Catherine Deneuve en “La cabeza alta” | Videodromo

Podríamos definir La cabeza alta, último film de la también actriz francesa Emmanuelle Bercot, como la versión despersonalizada Mommy (Xavier Dolan, 2014). Es más: un cruce entre esta y un capítulo de Hermano mayor. Un chico conflictivo, con fuertes resentimientos hacia su madre por no ser un modelo a seguir pero teniendo inevitablemente un amor incondicional hacia ella, se mete en problemas día tras día. El cuadro de La cabeza alta es el siguiente en una de las primeras escenas del film: el adolescente en sí, con una gorra que oculta su rostro, las manos en los bolsillos y una actitud chulesca, su madre con una apariencia descuidada y que tiend a gritar al verse presionada, y el tercero en discordia, el hermano pequeño que es visiblemente demasiado mayor para llevar chupete. Todos ellos delante de una jueza de menores, interpretada por Catherine Deneuve, que pese a sus esfuerzos por reinsertar al joven Malony no hay manera de centrarlo.

La cabeza alta es un proceso de rehabilitación en la sociedad, en la vida cotidiana de las personas comunes. Esas que tienen hijos, se casan y son socialmente felices. O al menos no esas que van robando coches y rompiendo cristales. La directora hace, por un lado, una apología de las segundas (y terceras) oportunidades, y por otro, una promoción fantástica de los profesionales franceses encargados de estas personas con problemas, en los cuales el gobierno se gasta mucho dinero (constatado está en el argumento del film). Pero la tercera línea de la cinta tiene que ver con la referencia que hacíamos a Dolan, que no es baladí: tanto el director canadiense como Bercot se enfocan en cómo las relaciones con los padres, especialmente con las madres, condicionan la personalidad, las expectativas, los objetivos. La vida entera de un adolescente. 

Pese a unos largos veinte minutos que sobran del metraje, La cabeza alta es un film que consigue lo que pretende: contar una historia con elegante y llevadera narrativa sin aspirar a ser una obra de arte. El film, que inauguró el Festival de Cannes de este año, se encuentra en un vacío entre el estilo genuino y el telefilme, un intento no excesivamente desencaminado de provocar la emoción. 

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