“Una semana en Córcega”, vacaciones en familia

Crítica publicada en Insertos de Cine.

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Siempre se dice, pero es cierto: la traducción de los títulos internacionales al español es una auténtica aberración. Basta con admirar terribles engendros como ¡Olvídate de mí! (en inglés, Eternal sunshine of the spotless mind, 2004), Agárralo como puedas (en inglés, The naked gun, 1988) o Soñando, soñando, triunfé patinando (en inglés, Ice princess, 2005). Aunque la tendencia, al menos en la traducción española, se ha revertido un poco y podemos disfrutar de cada vez un mayor número de títulos originales, siguen apareciendo perlas como la de Una semana en Córcega (Jean-François Richet, 2015), que es, en realidad, Un momento de locura (en francés, Un moment  d’égarement). Así se entienden mucho mejor las cosas.

Con una situación matrimonial que pende de un hilo, Antoine (François Cluzet) decide llevarse a su mejor amigo Laurent (Vincent Cassel) a la isla de Córcega para pasar las vacaciones con sus respectivas hijas, Louna (Lola Le Lann) y Marie (Alice Isaaz). A partir de aquí, las cosas se irán complicando cuando Louna se encapriche obsesivamente de Laurent y haga todo tipo de insensateces para conquistarle, bajo la ciega mirada de su padre y la reprobación de su amiga. ¿El momento de locura? Cuando Laurent y Louna pasan una noche de pasión en la playa, que será lo que desatará las ensoñaciones amorosas de la adolescente. Este guion original del francés Claude Berri, quien ya dirigió su primera versión en 1977, se ha modernizado para la construcción de este remake, mucho más ajustado a las líneas comerciales aunque conservando ciertos momentos míticos de su predecesora, especialmente su ambiguo final. No obstante, la versión más conocida de esta historia fue su versión norteamericana de 1984 bajo el nombre de Lío en Rio, dirigida por Stanley Donen y protagonizada por Michael Caine. Es en la comparación con esta donde encontramos las verdaderas carencias del film de Richet. 

Y es que Una semana en Córcega se basa, primordialmente, en los estereotipos, que llevados al extremo dan como resultado un Vincent Cassel que pretende hacer el papel de padre guay, que barre todo el tiempo con la escoba y pone las piernas encima de las mesas, y dos chicas jóvenes que van al campo en tacones kilométricos y que combinan con camisetas del partido comunista. “Adolescentes de manual” como dice el propio Cassel en el film. O “antes muerta que sencilla”, como decía María Isabel, con esa vitalidad irritante y caprichosa digna de jovencitas salidas de un libro de Federico Moccia.  Cierto es que cuanto más exagerado sea el estereotipo, más graciosa será su parodia. El problema es que el film se queda en un estado dubitativo entre la caricatura que podría ser y el hit  descafeinado de post-verano que parece pretender. Un quiero y no puedo que da como resultado una divertida aunque comedida y vacía comedia de enredos. 

Quien recuerde a Michael Caine sonrojarse ante las insinuaciones de una adolescente o cogiendo la maleta y escapando al creer que su affaire ha sido descubierto, definitivamente echará en falta un poco de Lío en Rio en Una semana en CórcegaLa screwball comedy hilarante, distendida y sin ápice de dramatismo. Aquí es cuando las versiones francesas, antigua y moderna, se cogen de la mano para decir que esta historia no deja de tener un punto de drama romántico y que de alguna manera, con más o menos sangre, deberá acabar. 

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