“Reina y patria”, las memorias de Boorman

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El último film del octogenario John Boorman empieza exactamente donde nos dejó su obra más aclamada, Esperanza y gloria (1987) : en una casa en medio de un lago al lado de los Estudios Shepperton en Inglaterra. El lugar donde se asentó la familia del protagonista después de vivir la Segunda Guerra Mundial siendo un niño. Estas vivencias infantiles extraídas de la auténtica vida de Boorman, y relatadas con profunda sensibilidad e ingenio, continúan su camino a través de la adolescencia y la madurez en Reina y patria, la secuela de esta especie de diario vital del director británico. Casi treinta años de diferencia entre una y otra se han hecho notar. Bill Rohan (alter ego de Boorman en ambos films) ya no es un niño que corre y salta y ríe con sus compañeros de camino al refugio de la escuela mientras caen las bombas alemanas. Esa distendida vitalidad que enamoró a la crítica (y a los Oscars de aquel año) ha desaparecido en favor de una continuación donde el afectado dramatismo de la adolescencia, el amor y la amistad, se abren camino con poca originalidad.

Y es que lo primero que diverge entre ambas películas es la perspectiva. Lo que en Esperanza y gloria se contaba desde la mirada de un niño pequeño, ahora se nos muestra desde una visión más neutra, ya que la personalidad creciente del pequeño y la inocencia que impregnaba cada escena se ha convertido en un adolescente con menos luces que una patera. Boorman ha perdido en Reina y patria la delicadeza con la que nos relató su difícil niñez para traernos algo más cómico y distendido, pero indudablemente menos personal. Encabezada por una introducción que sabe a poco (o a nada), que nos aleja de los sentimientos de los personajes, el film se construye con una narrativa atropellada únicamente salvable gracias a los momentos lúcidos de comicidad de un histriónico Caleb Landry Jones, la suave mofa a la disciplina férrea del ejército y cierto punto nostálgico. Ligada a la actualidad del momento, a la historia reciente, el veterano cineasta se sirve de las imágenes de archivo para conectar las situaciones espacio temporales y sumir al espectador en el momento histórico. El recuerdo del pasado se transmite en momentos como la coronación de la reina de Inglaterra, así como en su film predecesor las utilizaba para saber en qué punto de la guerra se encontraban los personajes. 

Todo en Reina y patria parece ser algo que no es. Sin ir más lejos, en el cartel promocional de la película vemos un hombre y una mujer abrazados y con una actitud aparentemente romántica y sensual, con claras inspiraciones al cartel de El diario de Noa (Nick Cassavettes, 2004). Poco dura la expectativa de romance al saber que son hermanos y ese momento es simplemente el reencuentro entre ambos, totalmente insignificante en la trama. Este y otros detalles confirman la teoría de que Boorman ha querido vender algo que no tiene: un típico drama amoroso y bélico hollywoodiense. 

 

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