“Unos días para recordar”, la comedia decadente

Crítica publicada en Insertos de Cine

Jean Becker

Desde hace poco más de diez años, la filmografía del director francés Jean Becker se ha convertido en un escenario de altibajos, con tendencia descendente en sus últimos trabajos. Quien con Conversaciones con mi jardinero (2007) o Dejad de quererme (2008) había encandilado a buena parte de la crítica, ahora protagoniza un camino de espinas en el que las adaptaciones de novelas basadas en el buenrollismo y la amistad se han hecho con su cine. Las nada encomiables Mis tardes con Margueritte (2010) y Mi encuentro con Marilou (2012) sirven de precedente para esta nueva comedia del cineasta: Unos días para recordar

Pierre (Gérard Lanvin) es un hombre viudo y solitario que se ve enclaustrado en el hospital después de ser arrojado al río Sena en extrañas circunstancias. Becker plantea esta estancia como una vuelta a la vida de una persona anclada a los recuerdos y aislada en sí misma, un estado que intentarán suavizar (o acrecentar) las múltiples visitas que irán apareciendo por la habitación. En ellas, el film busca la tragedia social en formatos accesibles y rápidamente consumibles: prostitución, menores embarazadas, pérdida del padre, rupturas amorosas, desavenencias familiares. Y para todos los protagonistas de estos problemas, Pierre representa una figura clave, o bien paterna, o bien de confidente. Esto terminará por romper la coraza que lucía con orgullo, aunque, como le pasa a la propia película, las temáticas son difícilmente abarcables y tratadas con indiferente superficialidad. Incluso ese misterioso accidente en el río de París, punto importante del argumento central, queda minimizado durante su transcurso y mal logrado en su desenlace, reduciéndolo a escombros. 

En Unos días para recordar, el cineasta francés vuelve a visitar por segunda vez las novelas de Marie-Sabine Roger, escritora más que experimentada, entre otros géneros, en la novela juvenil. Lo que ya supuso en Mis tardes con Margueritte un excesivo ejercicio de pastelería vacía se convierte en esta nueva película en un quiero y no puedo sin fondo ni forma, en la que se elimina el misterio y se pierde el carácter del personaje principal por no ser definido como debería en sus rasgos de soledad y cinismo. Aun así, el hecho de que haya un escenario predominante y una sucesión cómica de personajes le aportan al film cierto aire teatral que combina con la trama y la hace más llevadera. El estilo impersonal y metódico que ha adoptado Becker últimamente construye una comedia que aboga por las segundas oportunidades y la necesidad de seguir adelante a pesar de los pesares. Aunque salpicada por ese síndrome del final feliz de Frank Capra, habitual en estas últimas citas cinematográficas de Becker, Unos días para recordar intenta arrancar algunas sonrisas y decirnos que a veces no todo es tan interesante como parece, sino que la vida es un compendio de casualidades y coincidencias. 

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