“Una historia real”, un Capote descafeinado

Crítica publicada en Insertos de Cine

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“Esta historia no es un artículo, es un libro” dice el periodista Michael Finkel (Jonah Hill) tras encontrar una historia emocionante y exclusiva en la cárcel de Oregón, un tiempo después de ser despedido por el New Yok Times en el film Una historia real. Probablemente fueron esas mismas palabras las que pronunció el escritor norteamericano Truman Capote al llevar unos meses en la localidad de Holcomb, donde escribió su novela más importante, A sangre fría. También las conversaciones que Finkel mantiene con un prisionero de máxima seguridad, Christian Longo (James Franco), acusado de asesinar a su familia, se asemejan en estilo y confrontación de fuerzas a la relación entre Capote y Perry Smith (asesino de la familia Clutter).

Estas coincidencias, y otras que se suceden a lo largo del film, podrían convertir a Una historia real en la heredera directa de ese proceso que Capote llevó a cabo para la escritura de su libro (películas como Capote (2005) o Historia de un crimen (2006) representaron esta historia en el cine). En ella, Finkel se convierte en una paria profesional tras falsear informaciones en un reportaje y ve una gran oportunidad de recuperar su notoriedad pública al descubrir que un asesino múltiple ha utilizado su identidad durante algunos meses. Se inicia así una relación desde prisión entre ambos que jugará a las verdades y mentiras, al misterio sobre la auténtica historia del crimen por el que se acusa a Longo y a esconder la razón de ese secuestro temporal de la identidad del periodista. 

A pesar de estos sugerentes planteamientos y las semejanzas que pueda tener con esa obra maestra que es A sangre fría, pionera de la novela de no ficción, la ópera prima de Rupert Goold está muy lejos de ser una digna sucesora. Aunque apunta maneras en la realización, peca de cierta vacuidad. Si bien imágenes como la comparación, casi superpuesta, entre las teclas del piano y las de un ordenador obtienen un efecto llamativo, carecen totalmente de sentido en la historia y el estilo irregular del film. Esto, unido al abuso y construcción repetitiva de planos de la cárcel y flashbacks, resta calidad a un film que prometía algo más.

Y es que Una historia real habla indirectamente de los límites de la ética periodística. ¿Es lícito extraer lo que se necesita de una fuente para componer un artículo interesante en lugar de buscar la verdad de los hechos? Estas reflexiones entre la realidad y la mentira, presentes durante el transcurso del film, carecen de profundidad y actúan como un elemento que flota en la narración sin más importancia. Goold pierde varias oportunidades de elevar el carácter puramente testimonial de su película a thriller intenso y atrayente. Una buena manera de conseguirlo era, sin duda, el personaje de Christian Longo. No en vano decía Hitchcock que “cuanto más exitoso sea el villano, más exitosa será la película”. Una historia real es un ejemplo claro de la importancia de un equilibrado contrapuesto al “héroe” protagonista, y vemos en James Franco una remarcable intención de dotar a su personaje del aura perturbadora que necesita. Aun así, junto a la poco aprovechada presencia de una actriz tan interesante como Felicity Jones, totalmente secundaria en la trama, el reparto del film se ve arrastrado por una lectura poco destacable de las memorias del verdadero Michael Finkel (True Story: Murder, Memoir, Mea Culpa).

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