Bertrand Bonello abre la quinta edición del D’A

La nueva edición del Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona ha empezado con un beso. Lento, dulce, con los ojos cerrados y apenas rozando los labios. Es la primera imagen de Quelque chose d’organique, la primera película que se ha proyectado en este D’A 2015, con apenas treinta butacas ocupadas en la sesión previa al gran comienzo del festival. No era una elección baladí, sino que es la ópera prima del cineasta al que homenajean este año: Bertrand Bonello, uno de los imprescindibles del cine francés y europeo y que además se ha encargado de inaugurar el festival con su última película: Saint Laurent. Así pues, en este primer día de festival hemos podido ver el primero y el último de los films de Bonello, un buen ejercicio comparativo para poder apreciar el crecimiento y la evolución de las formas en su cine.

Así empieza una nueva edición del D’A, que tras cinco años continúa ofreciendo el mejor cine de autor internacional y ampliando sus mecanismos. En esta quinta edición habrá un nuevo galardón – el Premio Talents –, además de un espacio en su web dedicado a seis jóvenes críticos que conforman el Campus D’A y que seguirán de cerca el festival. Asimismo, inician las Primeras Jornadas Profesionales sobre Estrategias de Marketing de Cine Independiente en las que se debatirá sobre la situación actual de este cine en temas de exhibición y distribución. Un encuentro que se suma a todas las novedades que el D’A ha preparado este año y que prometen elevarlo un poco más a la categoría de festival imprescindible.

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Saint Laurent, una inauguración con estilo

La película que ha inaugurado esta quinta edición del D’A ha sido Saint Laurent, el biopic no oficial firmado por Bertrand Bonello sobre el famoso diseñador de moda y empresario francés Yves Saint Laurent. Bonello busca el retrato, no solo del protagonista, sino también del mundillo del diseño y la alta costura, de toda la gente que trabaja fuera de las pasarelas. Aunque se marca esta premisa, Saint Laurent acaba siendo un viaje alucinógeno por las cogorzas y adicciones de su personaje principal, que parece incapaz de salir de la vorágine de pastillas en la que está atrapado.

Principalmente la primera parte del film – sin duda, la mejor – nos ofrece detalles para conformar el retrato del diseñador: la adicción por la mousse de chocolate, la presencia imprescindible de la música en su entorno, las formas de moverse y hablar, y sobre todo esa mirada azul penetrante (la del actor Gaspard Ulliel) que parece diseccionar cada persona a su alcance. Según declaraba el propio Bertrand Bonello durante la inauguración en los Cines Aribau de Barcelona, “vi rápidamente el potencial que podía tener el personaje en mi cine”.

Aunque Saint Laurent tiene una forma irregular, llena de pequeñas escenas aleatorias que quedan suspendidas en el aire con poco que aportar, la visión en conjunto de lo que fue la figura de Yves Saint Laurent, su excentricidad y su mundo interior, quedan reflejados en pantalla sutilmente a ritmo de María Callas. Los saltos temporales, que se multiplican conforme se acerca el final del film, nos enseñan el pasado, el presente y el futuro de un hombre cuyo nombre y estilo marcaron canon en la moda.

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