Daniel Monzón: “Me resultaría muy triste hacer una película que no le interesase a nadie”

Daniel Monzón durante el rodaje de “El Niño” | vacafilms.com

A primera vista, “El Niño” puede parecer otro título más que engrosa la lista de películas de toque adolescente y tópicos a raudales financiada por Telecinco (Mediaset), los reyes del sensacionalismo. Pero en cuanto te enteras de que Daniel Monzón es el cabecilla de la historia y responsable de la dirección, una está obligada a replantearse algún que otro prejuicio. Porque si hay un director en España al que se le puede dar crédito ese es Monzón, director de películas como “Celda 211” o “La caja Kovak”. Y ya no sé si será por esa simpatía inherente en su carácter o esa humildad de artista verdaderamente talentoso, pero al escuchar su implicación con “El Niño”, sus significados implícitos y su extraordinaria preparación sobre el terreno tenemos que ser justos y no dejarnos cegar por la crítica fácil. Después del éxito y los premios, Daniel Monzón nos habla de las motivaciones de “El Niño”, de sus dificultades y de las capas de significados que esconde bajo ese halo de espectacularidad técnica y ese protagonista tan aparentemente convencional.

¿Cómo surge la idea de “El Niño”?

Estaba escribiendo con mi co-guionista Jorge Guerricaechevarría una comedia negra, que probablemente será mi próximo proyecto. Como decía Pablo Picasso “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Muchas veces estás escribiendo una película y en los intermedios, como estás productivo, te surge. Y surgió cuando Jorge me habló de estos chicos que pasan hachís en lanchas rápidas entre Marruecos y España. Como buen isleño, quería hacer una película donde el mar tuviese un protagonismo muy preeminente. Vi en seguida la imagen de estos muchachos corriendo con la adrenalina saliéndoles por los poros en esas lanchas en mitad del mar, y fue una imagen que me golpeó inmediatamente y que me empujó a investigar sobre el asunto. Porque sentí que era una película que podía ser muy poderosa, y que no había visto hasta el momento. Se han visto muchas películas de acción con persecuciones de todo tipo, pero con lanchas es una cosa bastante poco habitual dentro del cine hecho en España, e incluso en el cine internacional. Ya cuando empezamos a investigar sobre el asunto, me di cuenta de lo fascinante que es el enclave del estrecho de Gibraltar, además de que el asunto del narcotráfico allí apenas había sido tocado por el cine. Era como un tesoro pidiendo que alguien llegara allí y lo contara. Así que desembarcamos en la zona, y estuvimos ocho meses investigando, hablando con los dos lados de la ley. Me di cuenta que la peli tenía que contarlo desde las dos perspectivas sin juzgar a ninguno de sus personajes, sino tratando de ser un fresco de lo que ocurre ahí planteando una galería de personajes de ambos lados, tanto de policías como de delincuentes. Poner cara y ojos a eso que leemos en las columnas de los periódicos, esas noticias que aparecen diariamente sobre narcotraficantes. Porque para los mortales no es más que eso, un pie de página o una pequeña noticia que ves en el telediario. Y yo quería hablar de quién está detrás, de quiénes son los personajes, cuáles son sus motivaciones y qué esconden.

Así que con una imagen en tu cabeza montaste esta película. ¿Suele ser el proceso habitual?

Pues casi siempre la película te entra dentro como un virus. En una película que rodé en Mallorca, “La Caja Kovak”, había un personaje protagonista que era escritor de ciencia ficción, interpretado por Timothy Hutton, y que en un momento da una conferencia en la que contesta a esta pregunta que me acabas de hacer. Y tanto mi co-guionista como yo hablamos por la boca del personaje, diciendo que es como un virus que se te mete dentro, una frase escuchada casi por azar en el metro, en la televisión o en un libro. De pronto es como un germen que te entra dentro y que empieza a crecer. Entonces germina y va poco a poco apoderándose de tu pensamiento y hasta de tu cuerpo, de tal manera que la única forma de librarte de ese germen, de esa enfermedad, es, en el caso de aquel personaje escribir el libro, y en el mío hacer la película. Trato de estar expuesto a esas enfermedades que son las historias, y me llegan de esa manera, como de pronto una imagen que me llega con mucha fuerza o una idea que me apetece desarrollar. Hay algunas que germinan y otras que mueren por el camino porque no tienen suficiente fuerza como para poseerme. Es eso, es un estado de posesión el que crea la historia en mí, y tengo que sentir ese estado de estar poseído por la historia, y tienes una necesidad casi física de contarla. Porque hacer una película requiere de una energía, de una entrega muy particular, así que o de verdad te mueve una fuerza como esa, o muchas veces el camino es tan azaroso que lo dejarías a media empresa. “El Niño” es una película que me ha llevado cinco años de mi vida. He tenido que luchar contra muchísimos problemas, porque era una película de una envergadura muy ambiciosa con un presupuesto limitado para lo que necesitaba. Quería rodar en muchos sitios donde incluso la policía no se atreve a entrar. He rodado en las fronteras de Gibraltar, de Marruecos, en barrios muy peligrosos, además con escenas de acción sin efectos especiales que suponían casi jugarnos la vida. De verdad tienes que estar muy convencido de que quieres llevar esa historia a la pantalla, porque es un esfuerzo en todos los sentidos. El equipo se entregó en cuerpo y alma para hacer esta película, y a veces llegábamos al hotel como si nos hubieran dado una paliza un grupo de matones. Así de exigente era el rodaje en mitad del mar, con esas velocidades, con las lanchas y los helicópteros… Tienes que estar muy apasionado, primero para apasionar a la gente con la que estás haciendo la película, y finalmente, y ojalá, para apasionar al espectador.


Lo que intenta reflejar “El Niño” es una historia de narcotráfico, pero con la peculiar idiosincrasia española


¿”El Niño” ha sido el trabajo más difícil de preparar en el que te has embarcado?

Todas las películas en las que me he embarcado han sido grandes retos. Me iban diciendo todos los invitados a la película (director de fotografía, productor, director artístico, etc.) que nunca se habían metido en una película tan grande como esta, en la que hay que dominar tantos espacios, tantos personajes, donde hay tantos retos, donde estamos expuestos constantemente a las inclemencias del tiempo, donde hay que viajar tanto… O sea una película inabarcable. Recuerdo cuando terminamos, en la fiesta de fin de rodaje, el productor puso de fondo una serie de fotografías que recorrían todo ese viaje que habíamos hecho, desde el puerto de Algeciras, las fronteras, las localizaciones de Marruecos, de Canarias, de Sotogrande, el mar, los helicópteros, y realmente ahí tomé conciencia y pensé “madre mía qué aventura hemos vivido”. Ojalá el espectador la viva con la intensidad con la que la hemos vivido nosotros.

A nivel argumental, ¿hay más ficción o más realidad en el guion de “El Niño”?

El guion surge enteramente de lo que nos contaron de primera mano tanto policías como los gomeros, a los que llaman los malos. Pero luego descubres que con los que nosotros hablamos era gente desorientada, descerebrada en algunos casos, pero no les movía nada perverso, sino la adrenalina, las ganas de desafiar a la autoridad, del dinero fácil. Eran críos en un juego peligroso del que desconocían los riesgos. Pero todo lo que surge en “El Niño” nos lo han contado, o lo hemos vivido de primera mano. Luego todo está orquestado de una forma dramática para que atrape al espectador. Es una historia de ficción a partir de la realidad. Cuando la hemos proyectado nos han venidos de ambos lados de la ley a decirnos que les ha encantado la película porque refleja verdaderamente lo que ellos viven cada día, y tiene una gran veracidad. Así que más allá de que evidentemente es una historia de ficción, sus raíces están tomadas de la realidad.

Aun así, cuando se hace una película de acción en España, parece imposible no acusarle de americanada. Entonces, ¿en qué crees que marca la diferencia El Niño?

Hombre, pensemos en una película de narcotráfico, por ejemplo una muy emblemática como es “El precio del poder” (Scarface). Los narcotraficantes son gente violenta, cocainómana, que les mueve una ambición desmedida. Y luego llegas a “El Niño”, y ves que el retrato de esos chavales que se dedican a pasar hachís es de gente cercana, incluso divertida. Que te caen bien, vamos. En “El Niño” les mueve casi el aburrimiento. Ser un adolescente lleno de energía y que necesita hacer algo con su vida, que le encanta la velocidad, y de repente descubre que esto de pilotar una lancha a toda velocidad le resulta divertido, hasta que se enamora y le cambia un poco el objetivo en su vida. Tiene un aroma de cine negro que todo el mundo reconoce, y que son las bases del género, pero hay una clara diferencia en que he tratado que  los personajes sean humanos, cercanos, reconocibles, y de aquí. Lo que intenta reflejar “El Niño” es una historia de narcotráfico, sí, pero con la peculiar idiosincrasia española. Nosotros convivimos con la policía y con los delincuentes, y lo que reflejan en la pantalla luego tanto Jesús Castro como Jesús Carroza o Luis Tosar y Eduard Fernández, son esas personas normales. Está contado de una forma muy naturalista y con un alma muy española. Además de esa parte de espectáculo que tiene, quería que fuese una mirada casi documental a toda esa zona. Y en este aspecto se distancia MUCHO de las películas americanas. Aunque, yo que soy un gran cinéfilo y me encanta todo tipo de cine, hay películas del cine de acción y policíaco americano que me entusiasman, y de alguna manera eso lo tengo dentro. Por eso la manera en la que está muchas veces narrada la película puede recordar a algunas de ellas. Pero creo que es una combinación que trata de tomar las cosas que siempre me han interesado de la narrativa americana,  pero muy enraizada en nuestra personalidad.

Que, como decías, se basa en que no hay ni buenos ni malos.

En efecto. Una vez conoces a esta gente y te pones a hablar con los supuestos delincuentes, con los gomeros, y con los policías, a mí lo que me gusta es hablar de seres humanos. La misma persona es capaz de hacer algo absolutamente heroico y algo absolutamente reprobable. Dentro de todos nosotros hay capacidades para hacer heroicidades y cosas nefastas. A mí me gusta la gente, soy una persona muy social. Y me gusta entender a la gente, y eso es lo que he procurado hacer en mis películas, sobre todo en estas dos últimas. Surgen de un trabajo de cercanía, de entender la realidad. Lo que quería era saltarme los tópicos de buenos y malos, porque no hay ni buenos ni malos, todo es una gama de grises. El blanco y el negro extremados no existen, y yo he descubierto cuando estábamos hablando con esos homicidas de “Celda 211”, donde había algún asesino con el que de pronto podías hablar de cosas interesantes y divertidas. Que no te digo que compartas o justifiques que un momento de su vida asesinaron a alguien, pero podías llegar a entender el por qué. En ese sentido, me gustaba que en la película se confundieran los roles a veces. Que el supuesto asesino temible y atroz que es Malamadre tuviera también un poso de humanidad que resultara cercano. En “El Niño” no se juzga a ninguno de los personajes, los mira a todos a los ojos y trata de entenderlos y hacer que el espectador les comprenda, y que sea él, si quiere juzgarlos, el que lo haga. Que tome el espectador la decisión, que no sea la película la que vaya señalando quién es bueno y quién es malo. Al espectador hay que enseñarle una realidad y dejar que sea quien saque sus conclusiones morales al respecto.

Es difícil no juzgarlos cuando hablamos de temas tan serios como el narcotráfico o la corrupción policial.

Exactamente. La película muestra corrupción policial, pero trata también de exponer el porqué de esa corrupción, y de hecho en alguno de los personajes lo puedes entender. Lo que más le duele a Jesús de descubrir quién es el personaje corrupto, tiene más que ver con una tradición de amistad que no con el hecho de que haya hecho eso. La policía te lo reconoce, que por delante de sus narices se están moviendo miles y miles de millones de euros, y que uno es humano y la tentación está ahí. “El Niño” es casi una fábula moral, porque está hablando de una serie de personajes que viven en la tierra de la tentación. En la tierra en la que hacerse con un montón de dinero fácil es tan sencillo como alargar la mano y cogerlo. Cada uno de los personajes actúa bajo su propia moralidad, y hay de todo. A mí me interesaba hablar mucho de esto, porque toda esta crisis que estamos viviendo y que está acentuando las desigualdades que hemos tenido siempre, está motivada por la codicia. La película habla del narcotráfico, pero es una especia de metáfora del capitalismo. El narcotráfico es un negocio que mueve millones y que nunca va a parar, porque la gente que mueve los hilos de ese negocio son los que tendrían la potestad de pararlo. Es lo mismo que con los paraísos fiscales, que permiten que gente acumule riquezas terribles. Si se prohibieran, dejarían de existir tantas desigualdades. Pero los que podrían prohibirlos, son los que se benefician de ellos. Es el pez que se muerde la cola, y se seguirá mordiendo hasta el fin. En “El Niño”, los policías tratan de luchar contra el narcotráfico pero saben que es algo imposible de parar. Si hablas con ellos te darían la solución: legalizándolo. Exactamente igual que cuando en EEUU se prohibió el alcohol y surgieron personajes como Al Capone y compañía a cuenta de lo de la ley seca. Cuando se legalizó el alcohol de nuevo, todas aquellas mafias desaparecieron. ¿Por qué no se legaliza? Por lo que te digo, es un negocio que beneficia a los que podrían pararlo.

Y todos estos significados que nos explicas, ¿no se pueden perder en la película con tanta espectacularidad? ¿O una cosa no quita la otra?

Una película no es un vehículo para hacer un discurso desde un púlpito. Detesto las películas panfletarias. Una película lo que tiene es que mostrar un escenario y unos personajes, y de fondo puede impulsar al espectador a reflexionar sobre una serie de cuestiones. Pero de una forma disimulada, no apuntando con el dedo y diciendo grandes verdades que nadie tiene. “El Niño” contiene todo eso de lo que hablaba, pero hay algún espectador que se puede quedar con la acción, otros se quedarán con el humor, otros con la parte romántica. Una película tiene que tener muchas capas, pero no me gusta que el trasfondo sociopolítico se vea en primer término, sino que surja del propio escenario que eliges, del aroma, de las peripecias, de la acción. Que lo contenga, pero que no sea el objeto primordial. Trato también de ir madurando, con el paso del tiempo, y tratando de hacer las películas como me gustan, y prefiero que diga las cosas con sutileza aunque haya gente que no se dé cuenta de ello. Prefiero eso a pecar de obvio, porque es un tipo de cine que resulta fácil. No me gusta que las cosas se me digan en voz alta y a gritos, sino que me gusta que pensar sobre le película sea parte de su encanto y descubrir todo lo que contiene.

¿Cómo fue el rodaje en la zona? Porque con escenas como las que vemos en la película, no debió ser fácil.

Era una película muy dura, porque físicamente exigía mucho, porque estabas constantemente cambiando de localización. Realmente era muy ambiciosa y muy difícil de asumir. Pero al mismo tiempo la preparación fue larga. Cuando no tienes un enorme presupuesto, dispones de tiempo para prepararla con cuidado, para enfrentarte a ese rodaje con más seguridad. Lo maravilloso es que en todas y cada una de las localizaciones en las que estuvimos se nos brindó una ayuda enorme por parte de la gente que vivía allí. Hemos tenido equipo autóctono que se entregó de lleno a hacer la película, que estaban felices de formar parte del proyecto. Fuimos acogidos con muchísimo cariño. Esto es algo de lo que estoy profundamente agradecido, y lo digo una y otra vez. Fue verdaderamente duro, pero terriblemente enriquecedor y estimulante.

¿Encontrasteis trabas por parte de las autoridades?

De arranque, rodar en según qué sitios no es fácil. Pero gracias a una labor de producción exquisita, y también a una colaboración por parte de todas las autoridades implicadas en la película, se pudo llevar a cabo. Esto es algo que me hizo especialmente feliz, porque me daba envidia este tipo de película americana en la que colabora todo el mundo: el ejército, el gobierno, la armada y demás. En España podríamos llegar a hacer películas ambiciosas pero hay una cerrazón de según qué organismos. Pero en esta película en absoluto, tuvimos muchas reuniones y lo explicamos todo con mucho detalle, y dimos con personas que estuvieron dispuestas a colaborar.


“Los productores hubieran estado encantados de que el protagonista hubiese sido un actor muy comercial, pero yo quería alguien de la zona”


Jesús Castro y Mariam Bachir|vertele.com

¿El resultado final de “El Niño” ha quedado igual que tu idea original?

Tenía esa voluntad, ambiciosa lo reconozco, de ofrecer un vistazo a la situación del narcotráfico en el estrecho de Gibraltar, dejando muy claro que los personajes que representa la película son intercambiables. Después de haber conocido a El Niño, o a Jesús, te das cuenta de que hay cientos de muchachos como estos y policías que van a seguir viviendo constantemente esta lucha contra algo que no se puede parar. Digamos que la película recaba en unos personajes concretos, pero por el camino has hecho un pequeño fresco de lo que ocurre allí. Un viaje, que es el mismo que hicimos Jorge Guerricaechevarría y yo, del cual espero que hayan conocido cómo actúa la policía, qué motiva a muchos de los chavales que hacen esto, cómo se hace la marihuana, cómo son las plantaciones, cómo la policía actúa con las escuchas… Es casi un reportaje de investigación. Al terminar la película y verla en pantalla vi que está muy cerca de mi impresión inicial. También es cierto que tu propia idea inicial se va modificando a medida que vas conociendo la realidad, que vas trabajando con los actores y los técnicos. Llega un momento cuando acabas la película en que realmente no recuerdas como era esa primera versión que tú te hiciste en la cabeza, pero sí tienes claro qué es lo que la impulsó. Y ese impulso está en la película, y estoy muy orgulloso de haberlo conseguido así.

¿No tuviste ningún tipo de exigencia externa?

Si lo piensas, es una película que, aunque no lo parece porque ha sido un gran éxito (todo el mundo decía después que estaba claro que lo sería, pero nunca está claro en absoluto), es muy arriesgada. Por ejemplo, me dicen ‘Claro, con ese protagonista tan guapo’. Bueno, señores, es un actor que era un chico sacado de un instituto de un pueblo de la frontera. No fue una imposición de producción, al revés, los productores hubieran estado encantados de que el protagonista hubiese sido un actor muy comercial de contrastada eficacia. Pero quería que los protagonistas fuesen gente sacada del sur, con su acento tan cerrado y tan difícil de entender para tanta gente. Esto es muy arriesgado, y los productores confiaron en mí, y esto no es normal. Hablamos además de una película que dura dos horas y cuarto. Lo normal es que te digan que tiene que estar por la hora y cuarenta y cinco minutos, para que se puedan hacer las cuatro sesiones en salas y demás. Quiero decir, que es una película que contiene bastante riesgo y no se me obligó a nada. Me preguntaban algunos que si la historia de amor  había sido una imposición. Pues no, Jorge y yo sentíamos que, así como en la vida de los policías estamos describiendo una rutina y ese mundo de contradicciones emocionales en el que viven, la parte de los chavales tenía que ser más luminosa. Son jóvenes, están más vivos. Queríamos que fuese un relato de crecimiento. Ese chico, que empieza siendo racista, encuentra la horma de su zapato en una chica magrebí, y ella es la que le cambia un poco su rumbo. El espacio que se le dedica a esta historia es importante pero no es una película que se base en eso fundamentalmente, pero es un elemento más que a nosotros nos interesaba para que la historia de los muchachos fuese de un crecimiento emocional. Así que ni siquiera esto nos impusieron, lo que quiere decir que he sido bien tratado en este sentido.

¿No crees que has caído en algún que otro tópico?

Es que no trataba de huir de los tópicos. Intentaba reflejar lo que sentí en ese viaje que te contaba. Por ejemplo, el cine de género de aventuras, en el que yo encajaría a “El Niño”, contiene lugares comunes, una estructura que el espectador reconoce y que le ayuda a entrar en la película. Pero es que tópicos tienen las mejores películas de la historia del cine. “Sed de mal” de Orson Welles, que es una película fantástica, también juega con tópicos. El objetivo de mi película no era hacerla de espaldas a todo, rabiosa y furiosamente original. Lo que sí es verdad es que en la historia de amor nos esforzamos en mostrar la terrible situación en la que vive la mujer en los países árabes. Esta es una chica divorciada y por lo tanto se convierte en una marginada de la sociedad, de modo que solo le queda dedicarse a pasar paquetes de droga en la frontera o dedicarse a la prostitución. Esto es así de duro y de terrible. Así que más allá de la tópica historia de amor, en la que cuando se miran por primera vez ya sabes que se convertirá en una relación, no queríamos dejar de reflejar de alguna manera esa situación tan terrible.

¿Cómo ha sido trabajar con dos tipos de actores tan diferentes, unos más veteranos y otros sin ningún tipo de experiencia?

Muy gozoso. Por un lado, estar con gente como Luis Tosar, Eduard Fernández o Bárbara Lennie es un placer enorme. Son maneras distintas de aproximarse a la interpretación, pero en el fondo no trabajo nunca igual con todos los actores, lo que procuro es entender qué necesita cada uno y tratar de procurárselo. Si hay una cosa común que todos los actores necesitan es sentirse queridos, y sentir al director cercano a ellos. Es el único denominador común en el trabajo que he hecho con todos y cada uno de los actores con los que he trabajado. Esto es lo básico sobre lo que construir. Luego lo que es muy importante es elegir bien a los actores para interpretar a tus personajes. La decisión importante que tomé es salir a la calle a buscar a los protagonistas. Quería para “El Niño” alguien que tuviera esa aura de estrella, que es la que emana Jesús Castro. La cámara lo quiere, y quería que esto contrastase mucho con el compi, que es un tío que se vale de su verborrea, de su encanto, de su ternura y su picaresca. Son el agua y el aceite, una pareja que funciona por contraste. El otro es más estoico, más callado, orgulloso, chulo, muy atractivo, y que muchas veces no deja entrever sus sentimientos. Algunos le critican que pone siempre la misma cara. A ver, hay un tipo de interpretación, como la de Steve McQueen o Clint Eastwood, que juega a eso, a no mostrar sus sentimientos, excepto en las escenas de amor o las de humor con el Compi. Jesús Castro está fantástico. Hay gustos para todo, pero de la noche a la mañana se ha convertido en una estrella, así que algo tendrá cuando hay tantísima gente que se ha sentido atraída por él.

¿Esto no se le ha subido a la cabeza?

Esa es otra de las cosas sorprendentes de Jesús. Es alguien que hace unos años estaba en un instituto haciendo un módulo de electrónica, y aunque ahora se haya convertido en una estrella, tiene clarísimo su origen, que es una persona que surge de una familia trabajadora. Es un tío de una sencillez y una sabiduría emocional sorprendente para su edad. Con todo lo que le está ocurriendo, sigue siendo él mismo, y sigue sabiendo cuáles son sus prioridades. Es trabajador hasta la extenuación, de hecho durante el rodaje tuvo dos hipotermias en ese afán de darlo todo. Es un tío muy despierto. Me ha alegrado comprobar que tiene la cabeza sobre los hombros.

Y en el otro lado tenemos a Luis Tosar, imprescindible para tus películas ya. ¿Se presenta a los cástings, lo llamas directamente o cómo va la cosa?

Hombre, a Luis lo llamo y rezo para que le apetezca trabajar conmigo de nuevo. Para mí, es uno de los mejores actores, ya no españoles, sino internacionales. Tiene un magnetismo… cuando aparece en pantalla no puedes dejar de mirarlo. Además, le pone una verdad a todo lo que hace. Tanto “Celda 211” como “El Niño” las escribí pensando en él y esperando que me dijera que sí. En el caso de “El Niño2, ha hecho una cosa que para muchos ha pasado desapercibida, y creo que ha sido memorable. El suyo es un personaje ostentoso, es un gran personaje, y le hubiera dado para hacer algo grande y obvio. Un policía obsesivo por su trabajo, con estallidos de violencia pero con una humanidad secreta que aflora en el momento preciso. Podría haberlo hecho de una forma mucho más obvia de cara al espectador, para que pudieran decir lo bien que está en ese papel. Pero lo que quería es que compusiera un ser humano. Todo esto que cuenta la película sobre él quería que lo retrase de una forma humana y sutil, trabajando con pincel fino y mirada de calle. Hace para mí un trabajo excepcional, y mucho más valiente que en películas en las que aparentemente está más espectacular. ¿Por qué? Porque me lo creo de principio a fin, y además con la generosidad de ceder constantemente ese elemento de espectacularidad a otros. Está cediendo eso a los demás para quedarse él con esa sutileza y esa verdad de ser humano que es lo que le proporciona a la película. Su contención  me parece una de las cosas más complejas de la película, y me parece fantástico. Pero de cara al público pasa más desapercibido que otros que ha hecho.


“Fue todo tan irónico que incluso me ofrecieron dirigir la serie de “El Príncipe””


Se hablado mucho de similitudes de “El Niño” con la serie de Telecinco “El Príncipe”. Acción, muertes, persecuciones entre policías y mafias, un chico joven y guapo de protagonista que se enamora de una chica árabe. ¿Qué piensas de esto?

De hecho, a Jesús Castro lo han llamado para la serie (ríe). Mira, cuando escribí “El Niño”, “El Príncipe” no existía. Esta es una película que ha tardado tanto tiempo en llegar a hacerse, porque la película estuvo un tiempo parada por problemas de financiación. A pesar de que para los tiempos que corren sea un buen presupuesto, es insuficiente. Había una major americana que metía mucho dinero si me iba y la grababa en inglés, pero iba totalmente en contra de la esencia de la película. El objetivo era reflejar la historia con veracidad, y no tenía ningún sentido que los personajes hablasen inglés. Así que tuve que renunciar a ese presupuesto y trabajar durante años para levantar el dinero con el que he podido hacer la película. Durante esos años, la película ya estaba escrita y fue cuando surgió la serie de “El Príncipe”. Fue tan irónico todo que me ofrecieron dirigirla. Leí el primer capítulo y pensé que no tenía ningún sentido ponerme a dirigir una serie de televisión teniendo esto entre manos, además que se movía más en el terreno de la soap opera, o culebrón, a diferencia de “El Niño”. Entonces decidí continuar con mi trabajo. Confieso que vi un fragmento de alguno de los episodios y me quedé tranquilo porque las únicas similitudes que vi eran que estaba ubicada en Ceuta, y que en efecto hay policías y relación con magrebíes y demás. Comparte de alguna manera un escenario, pero no tenía demasiado que ver. Cuando estrenamos la película, la serie ya estaba estrenada, y mucha gente la relacionó. Lo cierto es que “El Niño” estaba escrita años antes de que existiera “El Príncipe”…

¿No crees que tuviera nada que ver que Mediaset os financiase a los dos?

Quiero creer que no. Es curioso porque Mediaset, que es un grupo mediático, tiene las  producciones de televisión y de cine en equipos separados. Se conocen entre ellos pero cada uno va por sus cauces. No hay personas que estén en ambos sitios. Este es un proyecto que llevaba Telecinco Cinema, que es una productora, y lo otro es un proyecto que surgió en el ámbito de la televisión directamente. Así que no creo que fuese como dices. No tendría sentido.

MONZONblogdecine
Luis Tosar y Daniel Monzón durante el rodaje de “Celda 211” | blogdecine.es

Después de un éxito como “Celda 211”, película con la que se te consideró director de culto, ¿no tenías miedo de no llegar al nivel que tú mismo marcaste?

Hubo un momento, después del gran éxito de crítica, público y premios que supuso “Celda 211”, en que todo el mundo me decía: “Pues a ver qué haces ahora, que te has puesto el listón muy alto”. Esto que se dice de forma cariñosa en muchos casos sonaba casi como una amenaza (ríe). Y sí, durante un periodo sentí vértigo, de preguntarme qué esperaban todos que hiciera ahora. Tuve tiempo de reflexionar sobre por qué hago las cosas y llegué a la conclusión que lo que tenía que hacer era lo que había hecho toda la vida, que es hacer el cine que me apetece, el que me motiva y me apasiona. Y evidentemente olvidarte de qué es lo que los demás esperan de ti, porque si ese es el camino que eliges vas a fracasar por completo. Primero porque cada uno espera una cosa diferente de ti, y segundo porque es imposible saber lo que esperan todos. Sin embargo sí puedes saber lo que tú quieres y esa es la única vía con la que cuentas. Por eso me metí en “El Niño”, porque en ese viaje que hice al sur y que nos dio conocimiento de toda aquella historia me resultó apasionante. Me parecía que era una película muy distinta de “Celda 211”, pero que también le podía resulta muy interesante, estimulante y divertida al espectador. Sí me gusta pensar en la gente. Trato de hacer un cine que no se olvide nunca de que es un arte de comunicarse con el otro. Me resultaría muy triste hacer una película que no le interesase a absolutamente a nadie. Una historia no es historia si no hay nadie que la escuche, y mi estilo es ponerme al servicio de esa historia. Hay directores cuyas señas de identidad son ellos mismos. Ves una película de Woody Allen y la puedes reconocer, porque en el fondo siempre es la misma historia, solo que es siempre tan inteligente y divertida que tú no vas a ver tal película, sino la de Woody Allen. A mí lo que me interesa es que el espectador vaya a ver “Celda 211”, “El Niño” o “La Caja Kovak”. Películas completamente diferentes entre ellas y que lo único que comparten es que las he dirigido yo.

¿Y ahora qué? ¿Cuál es el siguiente paso?

Enamorarme de nuevo de otra historia e ir a por ella. Como te comentaba antes, había escrito esta comedia negra con Jorge, que es un reto impresionante también. Cuando haces una comedia sabes que, en el mejor de los casos, lo que dirá la gente al salir es: “Pues es divertida”. Es un tipo de película que ni va a cosechar premios, ni va a tener un reconocimiento especial, pero que por otro lado no se me ocurre nada más generoso que regalarle al espectador una comedia. A mí hay comedias que me cambian el humor. “Con faldas y a lo loco” o “Atrapado en el tiempo”, por decirte dos ejemplos. Puedo tener un mal día y me ponen una sonrisa en la cara. Adoro a la gente que ha hecho esas películas y se lo agradezco profundamente. Es verdad que la comedia es el género más difícil, porque hacer reír es mucho más difícil que hacer llorar. Y si además me planteo grabarla en inglés, que no es mi idioma, pues ya  es de lunáticos. Este podría ser mi siguiente proyecto. En cualquier caso estoy cada vez iniciando otras ideas, para cuando acabe esta empezar a rodar la siguiente. Si me dejan, porque hacer cine es un privilegio que le conceden a uno, y siempre pienso que tengo que estar a la altura de ese privilegio.

Vaya, que cuanto más difícil, mejor.

Lo que no puedes hacer es algo en lo que no creas. Ponérmelo muy fácil tampoco me gusta, porque haciendo una película siempre tienes que tener una carga de tensión, para estar alerta, para tratar de dar lo mejor de ti mismo. Por lo menos a día de hoy que tengo la energía y la juventud para ponérmelo todo difícil lo  seguiré haciendo. Una película tiene que tener una cierta cualidad de reto para ti, porque te impulsa a sacar cosas que ni tan siquiera sabías que tenías. También es verdad que te pueden saltar los dientes en alguno de estos retos, pero habrás aprendido algo en el camino. No repetirlo, por ejemplo (ríe).

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