L’ALTERNATIVA | Dosis de inmigración y transexualidad

A pocas horas de descubrir las ganadoras de esta 21 edición del Festival de Cinema Independent de Barcelona, os traemos las últimas críticas de las películas de Sección Oficial. La última entrega de estas ‘crónicas alternativas’ que nos descubren nuevos mundos, nuevas perspectivas, y el mejor cine experimental internacional.

Escena de Slimane | alternativa.cccb.org
Escena de Slimane | alternativa.cccb.org

Slimane, de cómo filmar la energía de la juventud

Slimane se ha generado a través de la observación”, proclamaba el director canario José Ángel Alayón, el único representante español de la Sección Oficial de l’Alternativa de este año. Y ocupa este puesto con un film que bien podría llevar la etiqueta de ‘ese otro cine español’, ese cine que está trayendo nuevas perspectivas de una forma brillante. Estamos en Tenerife, isla de turismo, playa y Teide, de presupuesta alegría canaria y paraíso terrenal. Pero Alayón nos cuenta la historia de Slimane, un chico marroquí que, como su grupo de amigos, lucha por hacerse un hueco, por construirse una vida, en las tierras volcánicas de Canarias. Adaptarse en calidad de inmigrante es difícil, pero esto no es ninguna novedad para nadie, ni para los propios protagonistas – en el papel de ellos mismos – ni para los que se juegan la vida cruzando una valla fronteriza. Slimane nos enseña esa parte ‘fea’ de Tenerife, esa zona sur árida y olvidada, que parece simbolizar el mismo colectivo de los viajantes de tercera.

Accidente, culpa, destierro. Slimane es una penitencia en muchos sentidos, pero en especial de su actor principal, que acarrea con los remordimientos injustificados de un momento, o de una vida. Lo que envuelve esta película es un aura de naturalidad intensa y creíble. “Durante el rodaje, íbamos buscando en el set cosas que nos daban los actores y lo juntábamos con ideas mías”, explica Alayón. Un guion que se convierte en el esperpento de la espontaneidad de unos actores amateurs y un director primerizo. De la voluntad que nace de la necesidad de crear algo que represente una realidad. Sin imposturas ni obligaciones, este director canario presenta un film honesto, de imagen intimista y sencillez desbordante.

Escena de Brûle la mer | doclisboa.org
Escena de Brûle la mer | doclisboa.org

Brûle la mer, las olas tardías de una revolución

En la primavera de 2011, las fronteras de una revolución explotaron en mil pedazos. Túnez desató las cadenas que la dictadura de Ben Ali había construido a conciencia y 25000 tunecinos saltaron al mar, un mar en llamas. Pero Brûle la mer no es un documental al uso, ni un documento histórico tradicional. Es una mezcla audaz entre testimonio y creación artística. Nos lleva a una serie de historias que quedaron sin contar, ahogadas entre la inmensidad de las olas revolucionarias árabes.

¿Y qué nos descubre el nuevo mundo? Desde luego, nada de la panacea que ellos esperaban. Las nuevas posibilidades les abren las puertas a un mundo que acelera más rápido que sus propios pensamientos, donde las fronteras están abiertas, pero a la vez firmemente cerradas. Donde la adaptación en otros países es de todo menos sencilla, y ya no sólo por las diferencias culturales o sociales, sino por el hermetismo de los países europeos frente a los inmigrantes. Inmigrantes que vienen a mejorar su calidad de vida, pero que parecen resignados a ser esclavos del visado y los plazos de residencia, del dinero y las expectativas frustradas. Y allí se quedan, en su Túnez liberada, donde parece que lo único que se ha abierto es la vereda a que los turistas ocupen masivamente los lujosos hoteles de la costa y gasten su dinero en las multinacionales recientemente instaladas mientras contemplan el paradisíaco paisaje de las playas del país africano. Pero, por supuesto, ignorando las miserias de una revolución.

La película vaga por las historias de varios testigos de la revolución, a través de fotografías, de recuerdos y de momentos difíciles de olvidar. Todo bajo una estética en un principio complementaria, con una voz omnipresente acaparando el único interés, pero aumentando in crecendo hacia un estilo cinematográfico que fusiona imagen, sonido e historia. Brûle la mer funciona a través de los sentidos. No es tanto un relato panfletista de lo que fue la revolución o de las acciones que Francia ha llevado a cabo con los inmigrantes, sino un relato que apela a las emociones, que mezcla recursos de forma elocuente y nos envuelve en el aura de otra cara de la historia, de los testimonios individuales de unos tunecinos quemados en las olas de ese mar en llamas que fue la revolución. Juegan con el silencio, con las metáforas, con la luz y las sombras. Utilizan todo a su alcance para ilustrar la voz de aquellos que, por un tiempo, no la han tenido.

Escena de Naomi Campbell | alternativa.cccb.org
Escena de Naomi Campbell | alternativa.cccb.org

Quiero ser como Naomi Campbell

Yermén es una mujer atrapada en un cuerpo de hombre. Así lo sabe desde que nació, pero sus condiciones económicas no le permiten ser lo que ella ya siente ser. Posiblemente la película más controvertida de l’Alternativa de este año, aunque solo por su contenido, ya que su forma se mueve en la más absoluta naturalidad.

Naomi Campbell nos habla de dos cosas fundamentales. Por un lado, la necesidad de sentirse coherente por dentro y por fuera. Porque las armas de que disponemos no son para atacar, sino para defendernos, como la misma protagonista les aconseja por teléfono a sus clientes del tarot. Pensar por y para nosotros mismos, y sentirnos completos. En definitiva, este film es una búsqueda de la felicidad, que quizás pase por la cirugía o quizás por aceptarse a uno mismo. Quién sabe. Por otro lado, esta película chilena nos remite a las más que sabidas críticas a los moldes estéticos de nuestra sociedad. Esa que se confunde cuando ve algo diferente y le coloca la etiqueta de raro. Esa necesidad imperiosa por ser tan guapa como Naomi Campbell, por triunfar como ella, aunque esperemos que no por maltratar a sus asistentes o ser drogadicta. O quizás sí, puede que esta sea la aspiración máxima de esta sociedad podrida.

En cualquier caso, el film consigue un ritmo constante, alternando grabaciones nítidas con otras de cámara en mano de los protagonistas. Algo a lo que se añaden los toques de humor y el ingenio del guion, culminando en una película sensible, pero cruda y realista.

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