L’ALTERNATIVA | “Los que mueren aquí acaban en el mar”

Ventos de agosto | sansebastianfestival.com
Ventos de agosto | sansebastianfestival.com

Hay dos mundos que conectan y chocan, que son antítesis y a la vez van de la mano, que son las luces y sombras de la naturaleza y la artificialidad del ser humano. En una pequeña población costera de Brasil se dan cita dos jóvenes, de pasión y esperanzas frustradas, encarcelados en una realidad aislada.

La vida es un camino que, sin evitarlo, pasa de largo. “Ventos de agosto” representa aquello que se nos escapa de las manos, la naturaleza que nos acecha, el viento que nos rodea con su manto de cambio. Y siempre seremos los listos, los modernos, que vuelven al origen para grabar el sonido del viento, y convencernos de que captaremos aquello que nadie puede capturar: lo intangible. Simboliza ese déjate llevar, ese carpe diem reutilizado, esa efímera ráfaga de aire que es el vivir. “Ventos de agosto” es, además, esa pasividad de la rutina del trabajo en el campo, donde los últimos reductos de una generación campesina espera pacientemente la muerte con la ayuda de aquellos jóvenes enamorados, llamados a liderar el futuro o a heredar sin lugar a modificación lo que queda de él. Sus cuerpos perfectos se enmarcan en una fotografía preciosa, que nos enseña el color de lo inane, de lo realmente humano. Sin pudor, sin costuras mal hiladas, sin prejuicios de ninguna clase. Todo eso se lo lleva el viento.

Y es curioso como uno de esos jóvenes encuentra entre las hojas del suelo un cráneo, y con él un cuerpo sin vida, que no es más que los recuerdos que el bosque guarda con esmero para que no olvidemos que existe un pasado de todos los lugares. Dicen los lugareños que es de alguien conocido, alguien que se perdió sin más. Alguien que perteneció a la tierra, pero se consumió. Como algún día haremos todos.

Más Alternativa: “Al doilea joc”

¿Se puede hacer una película solo con los 90 minutos de un partido de fútbol? El director rumano Corneliu Porumboiu así lo creyó, a pesar de las dudas que su padre – y protagonista del film – planteaba durante la misma. “Nadie iría a ver una película así”, decía. Y se equivocaba.“Al doilea joc” parte de premisas nada atractivas para los ajenos al mundo del fútbol para constituir un relato humano, político e histórico. Una historia que se sustenta sobre un partido entre el Dynamo y el Steaua, los clubs rumanos más potentes en 1988, que se profesaban tal rivalidad que sus enfrentamientos eran un auténtico espectáculo de masas. Dos enemigos con grandes poderes detrás, la policía secreta y el ejército respectivamente, que movían los hilos de las competiciones a su antojo. Y entre esos dos titanes estaba el padre de Porumboiu, árbitro del partido, bajo la nieve intensa que tintó de blanco el césped y los espectadores. 26 años después de aquel partido, padre e hijo se reencuentran en ese momento para comentar cada jugada y desvelar las luces y sombras de una Rumanía soviética. Un film que sorprende por su buen humor, aunque el partido se haga interminable.

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