L’ALTERNATIVA’14 | La identidad perdida de un argelino en París

Go Forth | L'Alternativa
Go Forth | L’Alternativa

El Festival de Cinema Independent de Barcelona empieza desconcertando. Cuando una ve “Go Forth”, de Soufiane Adel, puede pensar dos cosas: ¿adónde quiere llegar al director? Y, ¿por qué tanto abuso de un dron que hace volar la cámara desde el suelo hasta las alturas?

Respecto a la primera, es innegable que el director de origen argelino toca temas interesantes sobre la emancipación de su pueblo y la identidad que les da su cultura, así como representar una búsqueda personal de esa identidad, ya que Adel ha vivido la mayoría de sus días lejos de Argelia. El hilo conductor que utiliza para unir su relato es su madre, que no dilucida realmente nada en la línea que él intenta seguir. Unas declaraciones interesantes de esta mujer se van intercalando en el discurso del cineasta, pero que parece más bien ser algo secundario, en contra de lo que sugiere la sinopsis. Es más que desconcertante el final, que se presenta con emoción sobre unas conclusiones surgidas de la nada, después de poco más de una hora de película inconexa. En definitiva, “Go Forth” tiene momentos brillantes, pero aislados entre la bruma de un camino argumental difuso, que empieza como un relato vital para acabar reivindicando la liberación del pueblo argelino de los suburbios de París.

Y en cuanto a la segunda pregunta que me planteaba, solo encuentro la palabra capricho. El film está plagado de momentos en que la cámara se mueve por las alturas, atraviesa vías imposibles en el aire y alumbra la ciudad de París en toda su magnitud. Pero, al igual que con las líneas argumentales, este recurso excesivamente explotado por Adel es cargante y sin sentido, y solo da la sensación de eso que se pone en demasía por “quedar bonito”. Y es que las posibilidades visuales que están dando estos drones son espectaculares, pero no deben sobreponerse a una coherencia de la película.

Pero como en la vida, una se tiene que quedar con lo bueno. Y “Go Forth” es, por momentos, una oda a la identidad cultural de los colectivos, que a veces olvidamos entre la multiculturalidad de las grandes ciudades. La globalización nos sumerge en una esfera de diversidad en la que corremos peligro de olvidar nuestro propio origen, y así nos deja Adel sutiles pinceladas de su busca existencial. Nos recuerda, además, que mirar al pasado nos dice cosas del presente, sentimientos que aún viven en muchos rincones argelinos de los suburbios de París. Y, además, nos regala Bach, Wagner y Maria Callas. Solo por esto último habrá merecido la pena echarle un ojo.

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