“Perdida”, ¿misógina?

Magnética, entretenida y sorprendente. Así definiríamos en pocas palabras la experiencia de ver “Perdida”, lo último de David Fincher. Pero no caigamos en lo obvio al alabar la innegable calidad cinematográfica de este director estadounidense, y planteemos el tema sobre el que muchos espectadores reflexionan: ¿es “Perdida” misógina?

Rosamund Pike y Ben Affleck en “Perdida” | eastbayexpress.com
Rosamund Pike y Ben Affleck en “Perdida” | eastbayexpress.com

Amy desaparece un día de su hogar, dejando tras de sí el rastro de un posible secuestro. Su marido, pese a los problemas que venían teniendo, empezará una intensa campaña en su búsqueda. Pero si hay algo que nos enseña “Perdida” es que nada es lo que parece. El pasado de este matrimonio se ha cimentado sobre dos personalidades distintas y relacionales, dos maneras de entender las relaciones de pareja, o más bien de vivir. Ella vive bajo la sombra de un exitoso alter ego en la ficción que sus padres crearon, él sobre los restos de su “libertad masculina” que cree haber perdido. Ella lucha por coger las riendas de su historia, él engaña porque no es capaz de afrontar los conflictos. Y cuando el dinero falta, los problemas se intensifican. Y éstos solo evidencian que quizás esa persona que comparte tu techo no es como pensabas. A partir de este planteamiento, Fincher nos conduce a través de las versiones cruzadas de un matrimonio en crisis, de una desaparición y una voluntad de búsqueda movida más por salvar las apariencias que por recuperar a su esposa.

¿Y la misoginia?  “Perdida” suscita inevitablemente interpretaciones peligrosas en su desarrollo. Una mujer manipuladora y un hombre que la engaña, una pareja que se rompe entre los affaires financieros y la monotonía de los reductos de su amor. Extrapolar una historia particular a una conclusión general puede ser un error si esas no eran las intenciones del cineasta. Pero bien es cierto que de “Perdida” se desprende una visión de las mujeres en la que sólo buscan un marido al que poder moldear a su antojo, que el macho elegido es simplemente el personaje que cumple su papel en la historia de su vida, y que cuanto más calle y obedezca, mejor. Una visión arcaica que en su época tenían las mujeres del matrimonio: un pacto de aguante y sufrimiento con una persona que bien se podría intercambiar con otra.

No tiene ningún sentido pensar que Fincher nos quisiera decir esto con la película. Yo no seré tan osada de acusar a este fantástico film de machista, y aliento a que no se mire con estos ojos, pues podría mancillar la belleza y complejidad que sí se tiene que comentar de “Perdida”. Quedarse en eso, como parece que hacía David Trueba en su columna en El País, es quedarse en la reacción superficial y predecible de un análisis pobre del argumento. Al contrario de considerarla misógina, “Perdida” es más una oda a la estupidez humana, a las dobles fachadas que profesamos construyendo nuestra felicidad inventada. Bebe de tópicos sobre hombres y mujeres, sin duda, pero con la voluntad de deformarlos y reinventarlos. No podemos acusar a “Perdida” de misógina, cuando personajes como la hermana de Ben Affleck y la inspectora de policía son mujeres lúcidas y brillantes que hacen de contrapeso a la inestabilidad emocional de la protagonista, brillantemente interpretada por Rosamund Pike.  Lo que sí es seguro es que Fincher busca una crítica a los medios de comunicación sensacionalistas. Los delitos pasionales causan furor en los medios, sobre todo en la televisión, pasto de ávidos tertulianos que debaten encarnizadamente sobre presuntos sin pestañear. Inevitablemente, los medios crean opinión pública, y en estos casos se tiende a criminalizar a los sospechosos o crear historias sin ninguna base contrastada con tal de atraer a una audiencia que ansía tener alguien a quien lapidar por ello.

“Perdida” es tan sumamente desconcertante que se convierte en adictiva. El ritmo que es capaz de mantener en sus dos horas y media de metraje es dinámico y constante, acompaña a una trama vertiginosa entre las múltiples personalidades que sus protagonistas van adoptando hasta dilucidar la verdadera. Parece que Fincher reta a nuestras mentes a permanecer atentos y desengañarnos de los tópicos y verdades relativas de las que se alimenta la vida. Una película con tintes de suspense y enredos hitchcockianos que promete ser protagonista en la próxima edición de los Oscar.

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