SITGES | “I origins” y “The Guest” destacan en un domingo lluvioso en Sitges

Desde bien temprano, la lluvia inundaba las calles de Sitges y los rayos iluminaban el cielo. Para aquellos con sesiones a las 8:30h de la mañana, llegar a la sala fue una odisea, aunque al salir de la proyección el sol ya asomaba y la tormenta era casi inexistente. Cosas del tiempo que nunca entenderemos.

El domingo ha sido maratoniano en el Auditorio del Hotel Melià de Sitges. Cuatro películas, tremendamente diferentes entre sí, han ocupado la programación principal. Pero si hay dos que han marcado la jornada de hoy, sin duda son “I origins” y “The Guest” (obviando la proyección única de la triunfadora de San Sebastián, “Magical Girl”, en el cine Prado).

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Escena de “I Origins”. Fuente: sitgesfilmfestival.com

“I Origins” es una de esas películas que llegan. Es un constante ensayo sobre la relación entre la fe y la ciencia, que se desenvuelve de forma sorprendente en todas las etapas de la misma. Habla del amor, de la espontaneidad y la madurez, de cómo las cosas se tuercen sin apenas darnos cuenta, para después divagar sobre si fue cosa del destino o si rompimos la cadena sin más. Habla del cambio, de elegir tu camino personal y profesionalmente, y aceptar que nunca se puede dejar de aprender. “I Origins” es una historia emocionante, cuya primera parte parece estancarse, para después dar un giro inesperado que tuvo a la audiencia expectante. Una búsqueda, de uno mismo y de la verdad, si es que la hay. El film nos cuenta la historia de un médico obsesionado con los ojos, con estudiar su evolución y demostrar que la Iglesia se equivoca al ponerlos de ejemplo en su negativa de la teoría de la evolución. Esta premisa avanzará hasta una investigación fascinante que plantea hipótesis sobre la teoría de la reminiscencia y la conexión que nuestros ojos tienen con ella. Simplemente apabullante, desprende emoción y sensaciones y equilibra la temática del Festival de Sitges, que poco a poco ha dejado de encasillarse en el cine de terror. Aunque quizás este hecho sea criticable por muchos de sus seguidores.  

“The Guest” es otro cantar. Nada de sensiblerías ni cosas profundas, vayamos al grano. Dan Stevens, más conocido por su papel en “Downton Abbey”, interpreta a un soldado que vuelve a la casa de uno de sus compañeros fallecido en combate. Poco a poco se gana a la familia, que lo acoge sin reservas, aunque luego irán descubriendo quién es y por qué está allí. El personaje de Stevens es un sex symbol, sin más. Su forma de moverse, de hablar, de estar serio y de repente sonreír, de mirarte directamente como si viera algo que los demás no ven. Este era el personaje sobre el guion, y Stevens lo clava. “The Guest” tiene esa ironía, ese toque seductor de una película de acción movida por la intención de sus creadores de entretener. Es un film muy propio del Festival de Sitges, y así lo recibió el público, que tenía un aplauso ensordecedor para cada gag humorístico y cada muerte o pelea. A menudo se infravalora la capacidad para crear una película con ritmo, encanto y emoción, aunque la historia no tenga mucho que ofrecer. Este film inglés suple sus carencias con estilo y se desarrolla sobre un ambiente convencional pero atrayente.

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Dan Stevens en “The Guest”. Fuente: sitgesfilmfestival.com

“The Midnight After” es… curiosa. Para empezar, le sobra media hora de metraje, por no hablar de que le falta además un final decente. Pero no podemos negar que ver a un grupo de asiáticos con personalidades tan diversas metidos en un autobús mientras fuera todo el mundo desaparece sin razón tiene su gancho. Y si añades algo de sangre, personas con máscaras de gas y actuaciones musicales, oye, es algo de admirar. También se le puede reconocer unos elementos fantásticos interesantes, relacionados con los saltos entre dimensiones paralelas. Ahora, fuera de toda esta satisfacción por ver algo tan friki, el film está plagado de goteras importantes, culminando en un final sin sentido y nada propenso a dejarte con buen sabor de boca. Por otro lado, está “La distancia”. Según declara su director, Sergio Caballero, en el diario del festival del domingo,  el hecho de que las películas tengan que hablar de algo le parece una auténtica pesadez. Bajo esta declaración, podemos entender el sentido de “La distancia”, un film extrañamente contado, sobre un robo pero que no lo es, que solo es una tapadera para esconder un relato sin estructura ni rumbo. Es arte por el arte. Caballero hace un cine poco convencional, y lo demuestra en detalles como que los personajes hablen por telepatía porque, dice, “no suelo trabajar con actores, sino con gente que me interesa por su físico o por su manera de moverse”. Peculiar sin duda este cineasta, codirector además del Festival Sónar, que trae a Sitges una propuesta artística que juega con la música y los silencios, pero que sobre todo juega con el público.

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