“Oh Boy”: un café normal, por favor

Una Alemania joven, homóloga con sus países vecinos, se mueve dentro de la confusión. Un chico, cigarro en mano, busca desesperado un café, que no es un café, sino un rumbo. Por más que se busca, no se encuentra. No sabe lo que quiere ni lo que necesita. Es un ni-ni de esos que estuvieron de moda pero que ahora sólo son niños grandes sin un futuro. Y es que nuestro protagonista se conforma con ser un mero espectador de la vida diaria de los demás, porque está demasiado asustado para construir la suya propia.

Escena de "Oh Boy" | Fuente: elantepenultimomohicano.com
Escena de “Oh Boy” | Fuente: elantepenultimomohicano.com

“Oh Boy” es un retrato generacional como lo es “Hermosa Juventud” o su media naranja femenina “Frances Ha”. Un retrato que avanza entre el vacío, la imagen sombría y una fuerte sensación de desazón vital. Niko es un chico que parece no tener suerte, que se ve perdido en un mundo extravagante al cual no encuentra sentido, y al que no se adapta. A duras penas consigue comunicarse sin crear un malentendido. La realidad, su realidad, se le escapa de las manos. La ópera prima del alemán Jan Ole Gerster no ha podido ser más sincera, y alabada. 

A diferencia de su prima hermana “Frances Ha”, Niko no tiene falta de oportunidades, sino de sueños y motivación. Y es que entrevemos una familia adinerada detrás del personaje, una familia liderada por un padre autoritario y restrictivo que le ha dado todo lo que ha necesitado para seguir el camino que ellos le marcaron. Niko se desentiende, busca su vida, pero fracasa en el intento. Deambula como un vagabundo, cruzándose con los extremos de una sociedad minimizada. Todos parecen haber enloquecido en su entorno. En un mundo donde impera el individualismo, todo el mundo necesita alguien con quien hablar, y Niko parece coincidir con todos ellos.

Hay muchas razones por las que “Oh Boy” es una buena película, empezando por un buen ritmo marcado por una música a medida y terminando por una estética descolorida brillante. Pero sin duda lo que más destaca es su humor, su capacidad para ofrecer los puntos justos de comicidad sin sacarnos del ensimismamiento del vacío existencial del protagonista, que avanza con la premisa de que los problemas, si los ignoras, acaban desapareciendo. 

“Oh Boy” representa una rebelión contra las expectativas impuestas, unas expectativas que o se niega a cumplir o no sabe cómo gestionar. Sorprende descubrirte inmerso en la marea de la película, pero cuando te quieres dar cuenta ya lo estás. 

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