62FSS | Decepcionante “The equalizer (El protector)”, película inaugural del festival

La primera sesión de “The equalizer (El protector)” en esta 62 edición del Festival de San Sebastián no pudo estar más llena. Una de las primeras proyecciones, a las 11 de la mañana, con expectación y curiosidad por el reciente premio Donostia que la protagoniza. Un mítico Denzel Washington, que anoche recogía el galardón en el Centro Kursaal de San Sebastián, encarna en “The equalizer” a una especie de superhéroe moderno. Pero no del tipo de superhéroes que lanza telarañas de las muñecas o vuela ondeando su capa. Robert es un hombre con un pasado misterioso, un pasado que le convirtió en un arma letal de combate. Sus movimientos son de franquicia Marvel, pero su motivación nos recuerda más al Gran Torino de Clint Eastwood.

Cartel de "The equalizer" | Mireia Mullor
Cartel de “The equalizer” | Mireia Mullor

Empieza prometiendo complejidad, un pasado duro y oscuro y una trama con giros interesantes. Quizás es que una se hace demasiadas expectativas, pero tras el arranque inicial la película es plana argumentalmente. Crece la tensión, los tiros y la sangre, sin duda, pero no avanza el personaje ni avanza la historia. “The equalizer” cae en la simplicidad de una historia que podría haber tenido más fondo, más emociones reales, más humanidad. Pese al flamante premio Donostia 2014, la película no deja de ser una típica apertura de festival, a ratos brillante, a ratos palomitera. El personaje de Denzel Washington es una mezcla bizarra entre las miradas del Sherlock de Benedict Cumberbatch y la letal elegancia de James Bond. Pero su figura está vacía, falta de explicación o voluntad para ofrecer las claves para empatizar con él. Sí es cierto que las numerosas referencias literarias que se hacen en el film ayudan de alguna manera a construir su perfil, pero resulta insuficiente. Bien por impulsar la imaginación, mal porque te deja la sensación de haberte perdido algo por el camino.

Hay algo en “The equalizer” que no termina de encajar. Es predecible sin serlo realmente, y entretiene pero su simpleza aburre. Quiere ser algo a lo que no llega, pero alcanza otros ámbitos a los que no aspira. Quizás el foco esté en el lugar erróneo.

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