“El profesor (Detachment)”, la cruda realidad de alumnos, profesores y padres

Dieciséis años después del estreno de la aclamada “American History X”, encontramos en el catálogo de Filmin la última película del director británico Tony Kaye, un cineasta poco prolífico pero de gran talento. “El profesor (Detachment)” nos acerca a la educación de los jóvenes americanos, los problemas de alumnos y profesores para motivarse mutuamente y la decadencia de un nuevo siglo lleno de dudas y miedos. Una historia -llena de subtramas- con la que, precisamente en España, nos podemos identificar. 

Detachment | Fuente: blogdecine.com
Detachment | Fuente: blogdecine.com

Olvidaos de los profesores heroicos que hacen cambiar mentalidades radicales, olvidaos de las funciones de fin de curso donde todo es mágico, olvidaos del “Oh Capitán mi capitán” o las clases de baile para inadaptados en el sótano, y enfrentaos a la cruda realidad de los institutos de secundaria. La violencia, el bullying, la actitud ciega de los padres y la pérdida progresiva de respeto hacia los profesores, al mismo tiempo que éstos se ciñen a un guion sin sentido y totalmente inaccesible para unos jóvenes en plena adolescencia. Preparaos, pues, para ver a la generación de este nuevo siglo, una generación llena de miedos y necesitada de esperanzas y control. Esto es lo que nos trae Tony Kaye en “El profesor”, cuyo título en inglés (Desprendimiento) ilustra mucho mejor su espíritu. Nos enseña una caída de forma cruda e innovadora, una nueva perspectiva menos edulcorada que algunos de sus precedentes y mucho más realista. 

¿Qué necesitan los jóvenes? ¿Disciplina? ¿Comprensión? ¿Libertad? “Me siento atrapado”, confiesa uno de los alumnos en la película. ¿Atrapado en qué? Y así al final es como se reduce todo: la indecisión, la ignorancia, la confusión. Vivimos en un mundo complicado, lleno de distracciones y contradicciones, de barreras y globalización, de comodidad. Aquel adolescente se siente atrapado, atrapado en una sociedad caótica y que apenas da sus primeros pasos en un nuevo siglo, donde la tecnología ha invadido nuestras vidas y la originalidad cada vez es más difícil. Donde persisten los problemas de siempre y se le añaden nuevos y más complejos. En un entorno tan hostil, los profesores cobran más importancia que nunca, porque cuando los padres no son capaces de mantener un control, son los maestros los que tienen que encender una luz al final del túnel. ¿Qué necesitan los jóvenes? Necesitan inspiración, motivación, retos. Necesitan que alguien les escuche y que les hable, pero sobre todo alguien que les entienda. “El profesor” abre muchos frentes, no sólo con respecto a la educación y la relación entre alumnos y profesores, sino también la prostitución, la enfermedad, la violencia. Pero todo deriva en la necesidad de una figura como la del profesor, alguien que te guíe cuando no ves la salida. Y, como dicen en la película, “lo peor de este trabajo es que nadie nos da las gracias”.

Estos frentes abiertos convergen en la pantalla con dinamismo y armonía, en un montaje innovador pero claro. Las escenas se entremezclan con declaraciones de su protagonista, Adrien Brody – que hace un trabajo espléndido -, con dibujos en una pizarra y flashbacks saturados. Se entreven más subtramas de las que ya se desarrollan en el transcurso del film, pero la omisión de la explicación de las mismas da un toque ligero a la historia, encajándolo todo de una manera soberbia. 

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